EN EL CAFÉ DE LOS EXISTENCIALISTAS. SARAH BAKEWELL

Uno era feo y tenía la mirada perdida en el estrabismo, con un ojo mirando al Ser y con el otro, mirando a La náusea. Ella, era más guapa y tenía ganas de hacerse un hueco en un mundo dominado por los hombres y durante la ocupación, por el frío, cogío la costumbre de taparse la cabeza con un turbante para terminar conviertiéndose en la odalisca del existencialismo, en el mascarón de proa del feminismo de la época.

El tercero en discordia, era un francés de Argelia, un argelino con ese toque chic afrancesado, de corta estatura pero de cierto estilo, abrigos con el cuello subido, cigarrillo en los labios, mirada perdida, anunciando lo que después convirtió en mito ese icono americano del malestar adolescente y existencialista, James Dean.

El cuarto en discordia era feliz, pero formaba parte del grupo existencialista, le gustaba bailar y era un don Juan filosófico, con la certeza de que la alegría no tenía por qué estar alejada de un pensamiento profundo que buceara en las pozas abismales del alma.

Sí, ya lo saben ustedes, hablamos de Jean -Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus y Maurice Merleau-Ponty. Porque de ellos, y de sus predecesores e influencias intelectuales, se encarga Sarah Bakewell en este interesante y entretenido libro que tiene muchos aciertos y algunas carencias. Entre los primeros podemos destacar su rapidez narrativa, su facilidad para hacer que el lector se sitúe en las épocas que describe, así como nos recuerda cosas que aprendimos en las clases de filosofía y que tal vez, ya teníamos olvidadas.

Transita por las influencias de estos filósofos: Kierkegaard,Husserl, Heidegger, para desarrollar las tesis de cada unos de estos pensadores existencialistas. Pero además, también se preocupa de figuras como Karl Jaspers, Arendt, etc.

Quizás, como defectos, podríamos decir que no analiza con suficiente profundidad la ruptura del grupo, sobre todo la que protagonizan con Albert Camus sus otrora compañeros, Sartre y Beauvoir. Las tensiones políticas tampoco quedan desarrolladas en profundidad entre estos tres personajes, así como la relación de Sarte y Beauvoir con el comunismo.Aspectos que parecen bastante importantes para valorar el comportamiento de todos ellos, su capacidad para desligarse o no, de las injusticias, y su capacidad de decir No, o para dejarse querer por la política del momento.

Tampoco el libro se adentra demasiado en la relación de Heidegger con el partido de Hitler y en cómo y por qué les da la espalda a sus amigos y , como en el caso de Husserl, también maestros.Está claro que una de las virtudes de Heidegger no era la de saber cómo conservar a sus amistades.

Resulta obvio que tratar todos estos temas en profundidad, podría haber supuesto para el libro, unas trescientas páginas más, lo que en el mundo editorial actual sería una locura. Pero es cierto que este defecto, se equilibra con el dinamismo de la narración de este movimiento intelectual, quizás el último en tener un seguimiento y una influencia masiva. Porque la gente buscaba a Sartre por los cafés para ver cómo escribía, y porque tuvieron éxito académico, periodístico, literario, y fueron como un grupo de rock que, al principio, estaba unido pero que con el éxito y el paso del tiempo y la evolución individual de cada integrante, terminó por descomponerse.

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blog/2016/11/25.txt · Última modificación: 21:02 25/11/2016 por david
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