CHARLIE CHAPLIN. PETER ACKROYD

Hace unas décadas ya, cuando la televisión pública tenía una ambición más educativa, ponían las películas de Chaplin. Recuerdo merendar los bocatas frente a la pantalla y ver cómo Charlot se zampaba las botas y sus cordones como si fuera pasta y relamiéndose en La quimera del oro. Aún siento la alegría que intuye uno al ver el talento en acción. Por eso Chaplin, con esa mezcla de vagabundo y caballero, siempre valiente y orgulloso en la derrota, es para mí, un símbolo de entereza a pesar de las adversidades.

He visto muchas de sus películas, leído muchos de los libros que sobre Chaplin se han publicado, como es éste del que a continuación hablo.

Debemos decir que parece una biografía, pero creo que , en muchos casos, los aspectos biográficos, quedan superficialmente tratados. Sí que se lee con facilidad y nos hacemos una idea bastante exacta de lo que pudo ser habitar la piel de este genio del siglo XX, que llegó a dominar con intuición y trabajo, el arte cinematográfico que aún estaba en pañales.

Charlie Chaplin: A Brief Life. Peter Ackroyd

El libro recorre su infancia pobre y dickensiana por las calles de Londres, el hambre, los hospicios, la locura de su madre, sus primeros trabajos en el teatro, cómo aprendió la profesión, cómo lo aprendía todo, que su carácter le hacía simpático y triste, depende del día que tuviera, cómo sus contemporáneos le recuerdan absorbiéndolo todo, observándolo absolutamente todo ante una mirada bajo cuyos ojos azules, se proyectaban sueños y una enorme ambición.

Cuando se curtió en el teatro, de gira por Inglaterra, le ofrecieron viajar a Norteamérica para trabajar en el cine. Con toda la incertidumbre del mundo y junto a Stan Laurel (el flaco de El Gordo y el flaco) viajó a California y se puso a trabajar. El libro acierta, eso sí, en la descripción del trabajo del actor en las primeras compañías para las que trabajó, donde pronto su personaje, empezó a sobresalir para la crítica y el público y donde parecía que aquel joven bajito y flaco, con su acento inglés y su fuerte carácter, no tenía la intención de ser uno más.

Cuando comenzó a sobresalir, pedía más dinero, mayor libertad de acción para crear, más tiempo, en unos años en los que hacían películas en pocas semanas.

Se supo actor, mimo, director, artista. Y quiso , con el dinero que ganaba para los demás, ganarlo para sí mismo, ambición entendible si recordemos lo pobre que fue. Firmó contratos millonarios, que le daban algo más de libertad pero que seguían primando el número de películas en lugar de su calidad. Su éxito fue tal, que llegó a ser el hombre más conocido del mundo y el primer fenómeno de masas del siglo XX. El cine mudo, que no necesitaba de doblajes, y que sólo necesitaba un proyector y una pantalla, muchas veces con una sábana bastaba, le ayudó a ser un icono. Y se vendían llaveros, carteles, cómics, con la cara del vagabundo que le permitió ser millonario. Luego llegarían sus múltiples amantes, sus escándalos, la fundación de la United Artist Motion, sus fracasos matrimoniales y sus mejores películas. Es el claro ejemplo de que un hombre puede ser el mejor en su trabajo y fracasar en su vida personal durante mucho tiempo.

Y el país que le había dado la oportunidad de triunfar se volvió en su contra por la Caza de brujas, proyectando sobre él la sombra de la duda sobre sus simpatías “comunistas”. Así que antes de que le echaran o de que no le dejaran volver, se marchó a vivir en Suiza una plácida vejez al lado de Oona, la única mujer que parecía dispuesta a darle todos sus caprichos. Y las películas que siguió rodando pero que parecían anunciar un lento declive.

Era tan bueno que sólo dieron el Óscar honorífico, en los años 70, cuando se olvidaron de cazar brujas y se apresuraron a reconocerle lo que este inglés había hecho por el cine, después de poner en la gala de los Óscar un video con escenas de sus películas y con imágenes del director, al encender las luces, había un anciano en una silla de ruedas, que recibió una ovación que no se olvidará nunca en el cine y que venía a saldar una deuda.

Lo que más me ha gustado es saber que Chaplin, cada cierto tiempo, necesitaba olvidarse de su vida en Estados Unidos, para viajar a Inglaterra para recorrer las calles que le vieron crecer y que le devolvían la creatividad, que le emocionaban y donde, al reconocerle, le acompañaban en silencio y admiración, hasta que él se agobiaba y tenía que salir en busca de un taxi para volver a su hotel. Cuánto nos marca el barrio que nos vio crecer.

Quizás sea imposible admirar al hombre (decían que era tacaño, autoritario con sus actores y técnicos, llevándolos a extremos de exigencia y fatiga emocional que hacían que, incluso, llegaran odiarle)y su gusto por las mujeres en general y por las jóvenes en particular, le llevó a tropezar varias veces en la misma piedra. Parece que como padre, no era el más tierno del mundo, etc…

Pero como creador, fue muy grande y su cine nos pone ante la naturaleza humana de una manera que muy pocos creadores han logrado.

Si quieren, lean el libro pero, sobre todo, si pueden, vean sus películas.

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blog/2016/04/08.txt · Última modificación: 01:05 09/04/2016 por andy
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